reconoce sus orígenes

Levitsky señala que en términos de gasto público el perú sigue siendo un campeón mundial de la tacañería. ilustración: internet.

Ahí viene el lobo, de nuevo

El Perú tenía una economía ultraortodoxa bajo García, y la sigue teniendo bajo Humala. Hablar... de un gobierno “intervencionista” o “estatista” que está “poniendo en riesgo lo avanzado” es absurdo y, francamente, deshonesto.

Publicado: 2014-02-02

Por Steven Levitsky, politólogo estadounidense. La República (Perú). Dentro de algunos sectores empresariales y de derecha, gritar que viene el lobo se ha vuelto casi instintivo. Al escucharlos, uno pensaría que el 2013 fue el año en que Ollanta Humala se reveló (¡por fin!) como velasquista y la economía peruana se deslizó hacia el estatismo. En abril, el presidente de Confiep previó “el comienzo de la transformación del Perú con un estado avasallador… como Cuba”, mientras el economista Luis Felipe Zegarra vio un “viraje hacia políticas económicas más intervencionistas”. En una columna titulada “Estatismo a la carga”, Zegarra previó que la política económica de Humala se iba a acercar “cada vez más al ideal estatista”. 

Confiep y sus amigos hablan de una “pérdida de confianza” generada por el gobierno. Hace poco, Confiep denunció que las políticas del gobierno estaban “afectando la confianza empresarial, alterando el clima de inversiones, [y] poniendo en riesgo lo avanzado”. Confiep hizo una (ya famosa) llamada al gobierno a “reflexionar” y “rectificar.”

Siguiendo el guión, el director de Peru21, José Luis Garrido, señaló hace poco que el Perú “cae por el segundo año consecutivo” en el índice de libertad económica de la Fundación Heritage. El índice de Heritage, una ONG norteamericana de derecha, califica a los países de 0 (estatista) a 100 (libre mercado). Perú cayó de 68,2 en 2013 a 67,4 en 2014. Según Garrido, esta caída de 0,8 puntos sugiere una “pérdida de ritmo” y demuestra que el Perú está “lejos de ser el paraíso neoliberal que nos atribuyen”.

El mensaje está claro: el gran viraje de Humala, de la izquierda populista al centro, no fue suficiente. Deberá girar más a la derecha. Si las políticas del gobierno generan desconfianza y están “poniendo en riesgo lo avanzado”, Humala tendrá que orientarse aún más hacia el mercado y adoptar políticas económicas más liberales (no importa que fuera elegido con un programa de centro-izquierda, y con los votos de ciudadanos que en su mayoría buscaban políticas económicas menos, y no más, liberales).

Pero ¿dónde está este lobo estatista que provoca tanta alarma? Una mirada al índice de libertad económica de Heritage muestra que la economía peruana sigue siendo una de las más liberales de América Latina. Una caída de 68,2 a 67,4 da para “reflexionar” y “rectificar”? No. La calificación de 2014 supera a las de 2008 (63,7) y 2009 (64,6), cuando García era presidente. Y supera las de 1995 (57,6) y 1996 (62,5), dos años de auge fujimorista. García y Fujimori no fueron llamados a “reflexionar y rectificar”.

Una caída de 68,2 a 67,4 en el índice de Heritage no es nada. Cuando un gobierno gira a la izquierda, el índice se lo hace notar: en los 2000, por ejemplo, Argentina cayó de 70,6 a 44,6, Bolivia cayó de 68 a 48,4, y Venezuela cayó de 58,1 a 36,3.

Perú, en cambio, sigue siendo una estrella en el mundo neoliberal. Según el índice, queda cuarto entre los 19 países latinoamericanos, superado solo por Chile (78,7), Colombia (70,7), y Uruguay (69,3). Supera, por lejos, el promedio latinoamericano (59,7) y el promedio mundial (60,3).

Si nos enfocamos en las dimensiones del índice más relacionadas a la política económica, el gobierno de Humala se convierte en un líder regional del liberalismo. En términos de “libertad de empresa” (70,6), “libertad fiscal” (79,1), gasto público (89,1), y “libertad de comercio exterior” (87), el Perú supera a Chile. En términos de “libertad monetaria,” el Perú (83,3) supera a Colombia y Uruguay y casi iguala a Chile.

En las dimensiones más relacionadas a la ortodoxia económica, entonces, Perú tiene calificaciones muy altas. S u calificación general de “solo” 67,4 se debe a sus calificaciones en dos dimensiones: corrupción (34,0) y libertad de propiedad (40,0). Estas dimensiones no miden a la política económica, sino la capacidad del Estado (calidad de la burocracia, independencia del Poder Judicial, Estado de derecho). La capacidad estatal, que siempre ha sido muy baja en el Perú, cambia lentamente. No está muy afectado por las políticas del gobierno de turno. Varía poco de gobierno a gobierno. En términos de corrupción, por ejemplo, el Perú ha variado entre 33 y 39,8 en la última década (llegó a su punto más bajo en 2008, con García). En términos de libertad de propiedad, el Perú ha variado entre 30 y 40 en la última década. García recibió la misma calificación de Humala: 40.

Si dejamos de lado las deficiencias estatales y nos enfocamos en las ocho dimensiones más relacionadas a las políticas gubernamentales, el Perú salta al grupo de las economías más liberales. Por ejemplo, si Perú tuviera las calificaciones de Chile en términos de corrupción (72,3) y libertad de propiedad (90), su calificación general sería 76,2 –más alta que Alemania, Dinamarca, EEUU, el Reino Unido y Taiwán. Según la derechista Fundacion Heritage, entonces, las políticas económicas de Humala han sido bien liberales.

Vale la pena señalar que en términos de gasto público, Perú sigue siendo un campeón mundial de la tacañería. Su calificación (89,1) supera a las economías más ortodoxas del mundo, como Suiza (65,7), Australia (62,6), Taiwán (84,7) y Chile (83,8). Casi iguala a Hong Kong (89,7), la economía más libre del mundo, según Heritage. De hecho, según Cepal, el gasto social en el Perú solo constituía el 8% del PBI en 2009, comparado con 13% en Colombia y México, 15% en Chile, 19% en Costa Rica, 22% en Uruguay, y 26% en Brasil. Y según Heritage, el Perú sigue siendo una democracia tacaña.

El índice de Heritage no muestra “el comienzo de una transformación del Perú con un Estado avasallador” o un “viraje hacia políticas económicas más intervencionistas”. Muestra mucha continuidad. El Perú tenía una economía ultraortodoxa bajo García, y la sigue teniendo bajo Humala. Hablar, entonces, de un gobierno “intervencionista” o “estatista” que está “poniendo en riesgo lo avanzado” es absurdo y, francamente, deshonesto.


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